
JAVIER LÓPEZ.
“La crisis tiene un componente ideológico, se aprovecha para empezar a acabar con lo público y con los espacios ciudadanos”. Así opina Carlos Sarrió, integrante de la compañía madrileña Cambaleo Teatro, que este fin de semana pone en escena El mapa no es el territorio en el Teatro Victoria de la capital tinerfeña .
Cambaleo es titular del espacio La Nave, ubicada en un antiguo matadero del municipio de Aranjuez, integrado en la Red de Salas Alternativas, a la que también pertenece el Teatro Victoria.
¿Cómo afectan la crisis y los recortes a la Red de Salas Alternativas?
“Todavía no sabemos qué pasará con el PP, pero los recortes deberían hacerse en otras cosas. Se está recortando en teatro de base, a las compañías pequeñas, pero no sé si se recortará en dispendios y en los grandes eventos que sólo dan prestigio a las instituciones que los financian. La crisis tiene un componente ideológico. En realidad creo que no existe tal crisis, sino que el sistema funciona así. La ideología lleva a que se ataque la sanidad y la educación públicas, que se apoye el teatro-negocio y se recorte el teatro-no negocio. Hay problemas económicos que se resolverán garantizando que ganen más quienes siempre ganan, y que quienes menos ganan, ganen menos aún. Algo que es aplicable también al teatro. De todas formas, cuando decían que España iba genial, tampoco crecieron proporcionalmente los presupuestos en cultura ni, en general, en lo público.”
- Las empresas deberían dar beneficios o, al menos, autofinanciarse. ¿Por qué iban a ser distintas las del sector cultural? Podría cuestionarse el mantenimiento de espectáculos que no llenan salas, aplicar el criterio mercantil de la oferta y la demanda.
- “Hasta las empresas de automóviles reciben ayudas. Argumentan que generan puestos de trabajo. Nosotros, también. El artículo 44 de la Constitución Española dice que los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho. Las ayudas garantizan el acceso democrático a la cultura. Cuando un ayuntamiento paga el caché a una compañía está abaratando las entradas, democratizando la cultura.
Si no se apoya a los espectáculos minoritarios, a todo tipo de expresión cultural, sólo se garantiza el teatro comercial. Las salas alternativas cubrimos un espacio que no cubren las instituciones. Nacemos con vocación de servicio público. Apostamos por un teatro más arriesgado, por la danza contemporánea, aunque eso vaya en contra de las taquillas. En España está subvencionado hasta el Tato: la agricultura, multinacionales alemanas para que se queden... Y nadie dice nada, pero siempre hay voces que cuestionan las ayudas a la cultura.”
- Carlos Sarrió es el autor, director y uno de los protagonistas de El mapa no es el territorio. ¿Qué nos cuentas en esta obra?
- “Forma parte de una trilogía que tiene como tema central la creación. La primera parte, Cuando todo esto haya terminado, trata del fracaso como forma de conocimiento. La segunda, Entre los paisajes, se basa en un texto de Antonio Fernández Lara basado en las cartas de Van Gogh a su hermano Teo. Es una reflexión sobre el papel del artista en la sociedad, presentado desde el mundo mental del creador. El mapa no es el territorio es más personal. Son reflexiones sobre el teatro, anécdotas personales y de los treinta años de Cambaleo, presentadas de forma caótica, sin hilo conductor y con ironía. Reflexiona sobre el papel del artista, que es describir la realidad de la manera más fidedigna posible, para bien y para mal. Personalmente, no estoy convencido de que el contacto con el arte haga mejores a las personas. Algo que también se cuestiona al final de la obra. El teatro trata que las cosas sean mejores, pero no estoy convencido de que sirva para eso."




